Y no estoy en el país de las maravillas…

Los hombres son unos duros vulnerando derechos y libertades, es una de las características que los definen. Y se ve muchos casos en los que una mujer que se mete en una relación con un ser retardatario e inseguro termina totalmente marginada de sus amigos, porque el loco en cuestión piensa que se le va a escapar facilito, o que se lo va a dar a cualquier compañero de trabajo. Porque los neandertales también creen que las mujeres somos guarichas sin Dios ni ley. Pobres.

“Tú eres muy intensa y tratas de controlarme, ¿qué tiene de malo que conteste los mensajes de texto que mi amiga me manda a las dos de la mañana? ¡Estás muy loca!”

A no ser que usted sufra de inseguridad extrema y maniática , pocas veces los celos son infundados. Si usted es una vieja relajada, segura de sí misma y entiende que su chico tiene derecho a hablar con mujeres, interactuar con ellas, pero hay una que le da “mala vibra”, hágale caso a su instinto. Pero no diga nada hasta no tener uno o dos hechos que soporten sus dudas. No haga el oso.

Y cuando se lance al agua y le diga a su chico algo por coquetearle a alguien al frente suyo, por considerar que habla más de la cuenta con ella, o que desde hace algún tiempo está llegando muy tarde a la casa o está menos disponible para usted, él tiene que pensar qué está generando esos sentimientos, en lugar de soltar un “ya te envideaste, no te pongas cansona”, “tú no eras así antes, por eso me gustabas más”, “no trates de controlarme, eso no me gusta”, etc. Los brutos neandertales que no entienden razones están out y deben desaparecer del mercado.

“Los celos son saludables porque mantienen vivas las relaciones” Mientras haya fidelidad, respeto y confianza todo se vale. Si mi chico me ha dado razones para confiar, ¿por qué debería hacer lo contrario?

El problema es cuando no hay confianza, si él aprovecha cualquier oportunidad para coquetear, si sabemos que tiene una historia de infidelidad larga, si levantar es clave para su ego, pues… hombres así también deberían salir del mercado por ser mercancía defectuosa porque no, no van a cambiar.

En el mundo ideal yo debo estar con alguien que no tenga que fiscalizar, al que no me dan ganas de revisarle el correo, alguien que se pueda ir a una despedida de soltero en Gomorra con todo pago y que a mi solo se me ocurra pedirle un regalo y que se tome una foto chistosa.

Y no estoy en el país de las maravillas. Yo se que se puede, porque así como he tenido al más neandertal de todos, he tenido a esa persona cuyo ego es tan sólido que no necesita levantar todos los viernes para saber que es el más churro e inteligente; que siente orgullo al aceptar que está en una relación seria y comprometida; que no necesita que cambie mi estatus en Facebook a “en una relación” para marcar territorio; que si alguien me coquetea en la calle sabe que es un evento sin trascendencia, porque yo no voy a hacer nada en contra de él ni de nuestra relación; al que le puedo contar mis historias anteriores porque sabe que tengo pasado y no le molesta. En el que yo confío y por el que nunca he sentido celos. Porque los celos no son equivalentes al amor.

Fuente: Susana y Elvira

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