Jueguitos de conquista

Siempre he sabido que no soy buena para los jueguitos de conquista. Si, jueguitos, esos en los que no escribes para que él no sepa que lo extrañas, no llamas porque no quieres parecer intensa y no invitas a salir porque de pronto él piensa que sos muy lanzada.

No soy buena porque nunca me ha gustado guardarme lo que siento y, como siempre estoy sintiendo cien mil cosas al mismo tiempo, qué caos sería guardarme todo eso. Si quiero llamar, llamo. Y si se me da la gana de llamar 15 veces, lo hago porque quiero y punto.Si quiero invitar a salir, invito. A la hora que se me venga en gana y al plan que quiero y ya es decisión de él si quiere salir conmigo no, por lo menos yo sé que con las ganas de invitarlo y hacerle saber mis ganas de verlo, no me quede.

Y así van pasando por mi vida chicos que me miran como un bicho raro, otros que lo disfrutan, se la soyan y unos pocos que se han enamorado para quedarse. Y me gusta, me gusta porque si me disfrutas proponiéndote un plan para nuestra primera salida, me vas a disfrutar en un año cuando la monotonía nos comience a perseguir y se me ocurran las ideas más locas para reinventarnos.

También me gusta el que se asusta porque pagué la cuenta y no quiere volver a salir conmigo, porque sé que ese no entiende que una relación es de dos, para todo. Ese que se asusta porque pago, es el mismo que se asusta porque a veces no quiero que me recoja sino recogerlo o porque, con sinceridad, puedo decirle las cosas que no me gustan y las que si.

Me gusta el que lo disfruta porque con mis llamadas sorpresa se sorprende y me hace saber lo bonito que se siente, porque cuando le escribo un domingo a las 7:00 am para que nos veamos para desayunar a las 9:00 llega con una sonrisa y logramos pasar el rato más chévere.

¿Por qué debería guardarme las ganas de escribirte al medio día diciéndote que te extraño si me parece más importante que sepas que lo hago? No sé, este amor liquido, estos tiempos modernos, nos han hecho volver el amor, la conquista, el romance, un juego en el que menos siente o menos demuestra que siente, es el que gana.

Y si, tal vez me duela, que no conteste el mensaje, ver el chulo azul, la llamada que se va a buzón y hasta la bloqueada en redes, pero prefiero saber que compartí lo que sentía, qué hice lo que me nacía y no caí en el juego de no demostrar porque: “El que muestra el hambre, no come”.

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